“Siempre hay alguien mirando…”
Al iniciar la semana, se despuntó en la prensa puertorriqueña y en las redes sociales, la situación de la representante María Milagros “Tata” Charbonier ante su arresto por el FBI debido a un posible caso de corrupción. Esta situación ha generado una gran ola de comentarios, de todo tipo, principalmente en Facebook, por la facilidad de escribir sin límite de palabras. Ciertamente, la indignación ante los actos corruptivos en un gobierno mueve a toda la población a sentir malestar e ira por la traición a la confianza que, como pueblo, se les brinda a los funcionarios. Pero que muchos de ellos terminan actuando en satisfacción de sus intereses personales en vez de por el bien común.
Este caso, particularmente, trae consigo una gran reacción debido a que la representante ha expresado abiertamente sus creencias religiosas y muchas de sus posiciones, propuestas o labor se basan en ellas. Desde este punto, también se ha generados un sin número de expresiones que bien pueden interpretarse de diversas formas. Ayer nuestros hermanos de Influenzando, compartieron un video donde conversaban sobre estos comentarios desde una perspectiva: ¿a quién seguimos: a Jesucristo o a “Tata” Charbonier? ¿Quién es nuestro modelo de fe en la tierra? Si quieren ver qué fue lo que hablaron, pueden acceder a sus redes sociales. Pero a mí me interesa hablarlo desde otra perspectiva: desde tu vida y la mía.
Hace muchos años atrás, recuerdo esta expresión que me compartieron en más de una ocasión: “siempre hay alguien mirando…”. Haciendo alusión de que, si piensas que haces algo sin que el otro se dé cuenta, te equivocas. Estamos todos de acuerdo en que la representante tiene a un país mirándola y denunciando unos posibles actos. ¡Claro! Ella tiene una realidad que nosotros no tenemos: ella es figura pública. Nosotros, que somos los “Juanes del Pueblo”, no tenemos necesariamente la atención como ella, por parte de la prensa ni mucho menos somos tendencia en las redes sociales. Pero de esta situación, me surge la siguiente pregunta de una manera más personal y para ti: ¿te has preguntado alguna vez si tú eres un modelo para alguien?
No hablo del modelaje cristiano únicamente. Conozco a muchos seres, que tratan de llevar una vida arraigada en buenos valores (ej. respeto, civismo, justicia, bondad) sin necesariamente profesar un credo religioso. Traigo este punto, porque muchas veces pensamos, actuamos o nos expresamos como si “no hubiese un mañana” y como si pasáramos por desapercibidos ante los demás. Cuando en realidad, tenemos “amigos” (término que usa Facebook) que nos siguen, leen y pueden ejercer posturas de algún tema, por el hecho de que nos ven como ejemplo, guías o punto de referencia para ir moldeando y llevando el camino de la vida.
Es interesante cuando leo en muchos boletines digitales (“post” de Facebook), comentarios que dicen: “si no te gusta lo que escribí, puedes borrarme”. Ciertamente, esa es la invitación más fácil y todos tienen la opción de darle “eliminar de mis amigos”. Pero, ¿es igual de justo, para aquel que te añadió como amigo, borrarte cuando ve en ti valores y criterios como ejemplo? Y, posiblemente estés pensando, “es que yo no quiero ser ejemplo para nadie”. Ese es el camino más fácil… porque vives sin necesidad de ver cómo te expresas, sin profundizar en pensamientos que pueden quedarse en lo superficial, sin que te reten a ser mejor persona. O, vamos a hacer el ejercicio al revés: ¿a quiénes ves como modelos y por qué los sigues? Puedes verlo desde cualquier ámbito: en la Iglesia, en tu campo de estudio, en tu familia, amigos o profesión. Quizás esa(s) persona(s), esté(n) pensando lo mismo: “yo no quiero ser ejemplo para nadie”. Pero ahí estás tú, mirando lo que él/ella hace porque le admiras o reconoces en esa persona unas virtudes. Por lo que te invito a reflexionar también en estas palabras mientras sigues leyendo: “Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1Corintios 23-24).
Cuando tenemos conciencia de que puedo acompañar al otro desde mis experiencias y vida propia, procuro desde mi humanidad, ser mejor. Tenderé a profundizar en mis principios, a plantearme una vida mucho más seria, a ser auténtico desde mi propia realidad aún en mis debilidades. A tomar en cuenta cómo me expreso para llevar el mensaje correcto de acuerdo con lo que pienso. Al final del día, todos somos figuras públicas entre nuestros amigos, familiares, conocidos o incluso, desconocidos. No se trata de que debo llevar un “checklist” de lo que la sociedad o ciertas personas quieran de mí, aunque cueste mi felicidad. No, no es eso. Más bien es evaluar que mi persona, que también se ha ido moldeando con ejemplos de otros, puede aportar positivamente en la vida de mi próximo (prójimo). Que mi quehacer diario puede contribuir al bien común. Que mi pensamiento puede influir en mi compañero(a) de camino. Cuando pienso en el prójimo, es ahí donde también tenderé a llevar una vida coherente. La situación de la representante es muy lamentable. Ya que ante la posibile falta de coherencia de vida, más que la corrupción, puede ser lo que la traicionó. Pero en este caso también podemos ver otro aprendizaje para nuestra vida “siempre hay alguien mirando…”. Así sea una sola persona: Dios.
Edna Kaeshea
Mochila Católica
«Si no ahora, ¿cuándo?
Si no aquí, ¿dónde?
Si no nosotros, ¿quién?»
John F. Kennedy